Juan Cabandié
hace 29 dias
nuestros padres cuando nacimos. Seguramente, nos imaginaban de otro modo. Y de
ese modo, inevitable, en que nos imaginaron, fuimos moldeando nuestra infancia.
La mayoría de nosotros tiene la infancia poblada de
travesuras, gestos de cariño, sueños delirantes, pequeños desengaños, heridas
que van cerrando. La lucha, algo tonto, por que el tiempo no nos pase suele
pasar por alto eso: las heridas, cierran. La muerte de un conejo, la plastilina
roba en el jardín, la vecinita con la queríamos dar la vuelta al mundo y crecer
de la mano, el amigo que nos pegó, el partido de fútbol que perdimos. También
la primer novia, la primer resaca, una quebradura, un duelo, un fracaso
vergonzante. Nos vamos curtiendo, como el cuero, y haciéndonos más duros.
Me resulta tan difícil imaginarme una infancia tan cruel
como la de Juan. Y ser moldeado desde los peores deseos: que no seas como tus
padres. Pero vos no sabés, no sabés que te desean lo...
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