Aquellos  países en los que su gente cree (o sus malos dirigentes le hacen creer) que  a través de la emisión de dinero se puede crear crédito, terminan quedándose sin dinero y sin crédito. Eso es lo que nos ha pasado a los argentinos durante 45 años, entre 1945 y 1990, y los que nos está volviendo a pasar desde 2002 en adelante.

Tanto para que exista dinero como para que exista crédito se necesita que en las relaciones  deudor-acreedor el acreedor confíe en que el deudor no lo va a defraudar.

Para comprender esta premisa es necesario advertir que en cualquier economia, en última instancia, los acreedores (es decir los que en algún momento tienen que recobrar su dinero) son los ahorristas, tanto los del país como los del exterior, que decidieron depositar o traer sus ahorros a la economía argentina. Y los deudores son los que han sido merecedores de crédito y han obtenido algún préstamo o han podido emitir alguna obligación.



También hay que comprender que quien demanda dinero, es...

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